Trapacería Festera

La anécdota nos la guarda una revista alcoyana, Anécdota y revista son típicas del siglo pasado. La cuenta Rafael Vidal en un papel crema tipografía a dos columnas, al final de su artículo “Las fiestas de mi pueblo”, en Los Domingos de Abril. El titulo de la revista es extremadamente sugestivo. Entonces se bautizaba todo con nombres pomposos, evocadores, a una tienda de ropas le ponían La Isla de Cuba, a una peluquería, El Buen Tono. El ejemplar que conservamos de Los Domingos de Abril — incompleto: sólo tenemos las páginas 19 a la 22 — es, con toda certeza, número extraordinario a las fiestas de San Jorge, de la segunda mitad del diez y nueve De aquel tiempo sabemos nombres de comparsas ya desaparecidas. En el bando cristiano figuraban las de Capellanes. Somatenes, Romanos. Estudiantes, Marineros, las Antiguas Española. Inglesa y Aragonesa y las caballerías de Húsares, Lanceros y Austríacos. En el bando moro se encuadraban las que el vulgo denomino Tapiadors, del Carceler, de Marruecos, los Moros de la Fóya o de Bacora y las caballerías de Árabes, Palestinos, Marruecos y Africanos. José Martí Casanova recoge todos estos nombres en su Guia de Alcoy, edición de 1864.

La anécdota que Vidal nos relata tiene una fecha: 1840 Rafael Vidal nos dice, que aquel año, «la comparsa de moros llamada de Cordón, era la encargada de sacar el Capitán». Cordón, cuyo apellido tomo la filada, era andaluz. Pongamos que se llamara don Antonio y que fuera regordete, ojinegro, colorado, con bigotes de betún. Un penibético metido a festero, fundador de una comparsa- Nada de extraño tiene todo ello. En Andalucía hay compañías mercantiles fundadas por levantinos. Los Carbonells de Córdoba —aceites y vinos— son oriundos de Alcoy

Cordón, el fundador, —un Pedro Domecq de las fiestas alcoyanas— solicita el Cargo de Capitán de Moros. Y mandó confeccionarse un traje digno de tal filada, de tal Capitán», apunta Vidal. El Indumento de capitán, entonces, difería mucho de! que se usa hoy día. El traje de capitán era idéntico al de todos los individuos de la comparsa. Unas telas mejores, más barroquismo en sus bordados, dábanle rango delatando la jerarquía. A caballo sobre una silla, tiene ya don Antonio Cordón, en su casa, el traje de capitán. Aquella noche Cordón soñó un tiempo espléndido: un cielo azul, un sol de fuego, y don Antonio —diana de mil pares de ojos— bajando, capitán de moros, la calle de San Nicolás. Contra el sueño de Cordón, aquel 21 de Abril amaneció nublado, gris, pizarroso. Don Antonio estuvo todo el día molesto y sin humor. Adiós mi sueño.

Don Antonio Cordón debió ser muy enamorado de la fiesta alcoyana, tanto, que no vaciló en dar su nombre a la filada. Pílalo ha pasado a la historia por el Credo. Cordón paso a la crónica alcoyana por la comparsa de moros de Alcoy. Por Rafael Vidal, que amplía detalles sobre este andaluz metido a testero, sabemos que la filada Cordón, —cuarta de lana, quinta en antigüedad— estaba domiciliada en un piso de la casa que habitaba don Antonio.

Nublada la víspera de las fiestas, Cordón vio desplomarse su sueño. A tal traje no correspondía aquel cielo plomizo. Metido en su casa, terriblemente contrariado, no salló en todo el día a la calle. Disgustado por el mal tiempo, miraba continuamente su traje de capitán, con la misma atención y pena que se mira a un enfermo grave. Por la noche, en los locales de la filada, músicos- y festeros comían la típica olla de music; judías, patatas, pencas, morcillas, tocino, vientre y unos granos de arroz. Todos aparecían hinchados, gasificados, rientes, parleros. Todos, menos don Antonio Cordón, el capita, que presidia con desgana, serio como una estatua, aquel preludio festero. El mal tiempo tenía la culpa. Un cordonero asomóse al balcón y «vió que el cielo estaba tachonado de estrellas», dice Vidal. El prado de la noche tenia infinidad de luciérnagas, diría Agustín de Foxá un siglo después. El cordonero callóse la visión y nada dijo de ello a don Antonio, ni a la grey moruna y musical que bebía sus últimas luces en golpes de bombo y ritme de brazos y alfanje.

Terminó la cena. Músicos y festeros retíranse a sus casas. Cordón, serio y grave, con un humor de perros, sube a sus habitaciones. Un grupo de cordoneros, ya en la calle, fraguan la broma, el chasco Infantil, muy de la época. La calle está tenuemente iluminada por mecheros de gas. Los festeros requieren al vigilante. El vigilante —chuzo, farol numerado y gorra viserada con franja verde billar— se entera de todo, Se trata de darla un chasco a don Antonio Cordón. Una moneda remata el asunto. Los conjurados esperan en un portal la efervescencia de la inocentada. Don Antonio se revuelve ovillado en su cama, pesaroso, enfadado, sin lograr dormir. Empieza la trapacería testera. El vigilante, apostado bajo los balcones de la casa de Cordón, masculla:

Ae Marie Porísime… Las dose y medie… iIluviendo…!

Cordón suda bajo el embozo de la cama y mira de reojo su traje de capitán, alicaído sobre una silla blanca. Pasa tiempo El vigilante insiste, despiadado:

…la une… ¡¡luviendoooo…!!

Don Antonio se incorpora, enciende el quinqué, mira de nuevo el traje. Sus ojos morunos cobran una palidez de muerte. Sentado en la cama, —calzoncillos largos y faja negra para los riñones— vacila en asomarse al balcón Tiene miedo a ver confirmada la lluvia, que pregona, monótono, el sereno. El vigilante vuelve a la carga tercera vez:

—.. .¡¡lluviendoooooo...!!!

Cordón no puede resistir más. Salta de la cama y a medio vestir aparta la blanca cortina, abre las maderas del balcón y se asoma. El tiempo está raso como un espejo. Los conjurados le silban estrepitosamente y le arrojan tomates, apunta Vidal. Todos ríen. Don Antonio levanta amenazadores sus brazos, como si le dieran el alto. Al vigilante le cabecea el farol numerado, escapando, chuzo en ristre y una mano en la gorra viserada.

En el cielo lucían las estrellas. Un gallo madrugón lanza, a los aires sus estridencias. Todo queda en paz. Cordón ovillóse en su cama y durmióse sonriendo. Unas horas más tarde, irrumpía la diana por las calles de Alcoy, bajo un sol endomingado.

Rafael Coloma Paya

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