José Ferri Silvestre «KIKALO», un cordonero singular

Jose-Ferri-KikaloCuenta setenta y cinco años de edad, pero en ilusiones festeras es casi un crío. Su rostro —que ha conocido toda una época festera— se ilumina cuando le pregunto cosas de nuestra Fiesta Mayor. Alcoyano sencillo, limpio, natural, su mundo interior es una caja de re- sonancias que sólo vibra con las marchas y los pasodobles, porque todo lo demás es, para él, la circunstancia, lo marginal. Sesenta años como miembro activo de nuestros festejos avalan, con sobras, su «curriculum vitae»; vivió siempre la Fiesta intensamente, a veces demasiado, más por donde pasó dejó la impronta de su ardiente amor a San Jorge y, por extensión, a la Filà Cordón, de la que es miembro y figura.

Se llama José Ferri Silvestre, pero todos le identificamos por su apodo: «Kikalo».

—Yo no sé que tiene el traje de cordonero— confiesa nuestro personaje – que cuando me lo pongo se me alegra el corazón y todo lo veo de color de rosa…

Acaba de sufrir dos graves operaciones quirúrgicas que le llenen mohíno y desconcerta- do, pero saldrá adelante. San Jorge no le va a dejar en la estacada, en este año de Capitán. Afirma que hace más de veinte años que no prueba ni una sola gota de alcohol y uno,

intrigado, interroga:

—¿Cómo es posible, Kikalo, salir en una Entrada sin haberlo«tastado»?

—Bueno, te contaré una pequeña trampa, pero esto no lo pongas. El dia de la Entrada me como medio pollo rosadlto, y me bebo una botella de champán. Esto me pone «a tono», por eso, cuando bajo por la calle de San Nicolás tengo que besar a todas las mujeres que se me ponen por delante. A mí esto se me da muy bien, pero no creas que voy a contarte cómo las camelo…

A Paquita Ferré Martínez, su esposa, presente en la charla, le hago una sola pregunta: —Como festero, ¿le ha dado su marido mucho trabajo?
—Sí, bastante, pero todo lo he hecho muy a gusto. Viendo su ilusión…
—Kikalo, sesenta años de Fiesta són muchos años, Toda una vida.

—Sí, toda una vida. Muchas personas no viven tanto. Incluso en los años de guerra nos vestimos un grupo de amigos. En total éramos seis o siete cordoneros, que la armamos el dia de San Jorge en casa de Carlos Belda. Si nos llegan a coger… Hoy viven tres: Jorge Julia, Manolet Botella y un servidor.

—Usted siempre fué un festero rebelde, ¿verdad?

—Sí, un poco. He discutido mucho con los «primers tróns», porque soy un tozudo. Pero siempre me he entregado a la «Filà» en cuerpo y alma.

Genio y figura se llama esto.
—¿Cuál es la más gran alegría que ha tenido, como festero?
—Tengo muchas, muchísimas alegrías de la «festa». Cualquier acto ha sido una alegría para mí; la primera diana

es preciosa. Cuando te encaras con el público, en el momento de arrancar, se te pone la carne de gallina. Y la En- trada que es una delicia. Y el disparo… Todo es bonito en la Fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy. Aunque yo he dado mucha guerra a la Junta de Fiestas; siempre iban detrás de mi.

—¿Una pena, Kikalo?

—Tuve la gran suerte de que mi padre muriese el dia del «descans». Pero mi madre falleció un 12 de febrero. Poco antes de morir, delante de mis hermanas y de mi mujer, me dijo: «Pepiquet, si muere la madre, sal a fiestas…»

YPepiquet vistió ese año el traje de cordonero. Pero hoy, a sus setenta y cinco años, al recordarlo todavía se le quiebra la voz y lleva el pañuelo a los ojos…

F. Moltó Soler 

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